viernes, 24 de abril de 2026
Eguzkik Astegietan Zadorrako meandroa berreskuratzea eskatu du.
Egunotan jakin dugu Eroskik HAPOren aurkako errekurtsoa aurkeztu duela Euskal Autonomia Erkidegoko Auzitegi Nagusian, lursailaren birkalifikazioa ez dagoelako behar bezala arrazoituta, beraien ustez.
Vitoria-Gasteizko Hiri Antolamenduko Plan Orokorrak, 2025. urtearen amaieran onartuak, uholde-arriskuko eremuaren merkataritza-erabilera ezabatu zuen, eta berdegune izendatu izan da.
Eguzkiren ustez, uholdeen arazoa, ibai-patologiatzat hartu beharrean, ibai-dinamika errespetatzen duten egiturazko neurriak eta, batez ere, kudeaketa-neurriak bateratuz tratatu behar da, eta, bereziki, Uraren Esparru Zuzentarauaren irizpideen ildotik, jatorrizko ibilgua lehengoratuz, eta Astegietako eremuan defentsak sortuz, ahalik eta uholde-lautada naturalizatuena sortzeko, Astegietako meandroa berreskuratuz.
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Astegietako Eroski hipermerkatu zaharra, 1981ean ireki eta 2003tik itxita dagoena, abandonatuta eta hondatuta dago. Merkataritza-gunea eta aparkalekua eraikitzeko, Zadorraren ibilbide naturala aldatu zen, eta 800 metro inguruko meandro bat kendu zen. Hamarkada batzuk geroago, naturaren aurkako hirigintza-erabaki horrek, uholdeak eragiten dituenak, Gasteizko lehen merkataritza-gunea ixtea ekarri zuen, eta abar.
Iaz, 2025ean, Gobernu Kontseiluak Kaia (Klima Aldaketaren Impaktua) ekimena abiarazi zuen. Ekimen horren bidez, meandro artifizializatua berreskuratzea eta uholde-arriskua murriztea aurreikusten da, bost proiektuz osatutako pakete baten barruan. Desjabetzea abian da, Zadorrako uholdeen aurkako URAren planaren 4. fasearen barruan, eremu horretan ere eragina duen jarduketa zabalago bat, eraikina botatzeko, aparkalekua kentzeko eta Zadorrako meandro zaharra berreskuratzeko, jarduketa hidrauliko eta paisajistiko baten barruan.
Uribarri Ganboako presatik behera, Zadorra ibaiak Gasteizko iparraldeko hiri-periferiako ibai-tartean duen uholdearen ondorioak murrizteko edo gutxitzeko alternatiba asko egin dira.
Ildo horretan, ikus daitekeenez, Uribarri Ganboako presa eraiki ondoren, 50eko hamarkadaren amaieran, premiazkoagoa zen ibaiaren gainean jardutea, ibaiaren portaera kontrolatzeko, ubideratze- eta zuzentze-lanen bidez.
Eguzkiren ustez, uholdeen arazoa, ibai-patologiatzat hartu beharrean, ibai-dinamika errespetatzen duten egiturazko neurriak eta, batez ere, kudeaketa-neurriak bateratuz tratatu behar da, uholdearekin bateragarriak diren lurzoruaren erabilerak esleituz uholde-ibarrean, eta, bereziki, Uraren Esparru Zuzentarauaren irizpideen ildotik, jatorrizko ibilgua lehengoratuz, eta Astegietako eremuan defentsak sortuz, ahalik eta uholde-lautada naturalizatuena sortzeko, Astegietako meandroa berreskuratuz. Gasteiz, 2026ko apirilaren 22a.
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Eguzki ante la dilación de la recuperación del meandro del Zadorra en Astegieta
Estos días hemos conocido que Eroski ha recurrido el PGOU ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, al considerar que la recalificación de la parcela no está suficientemente motivada.
El Plan General de Ordenación Urbana de Vitoria-Gasteiz, aprobado a finales de 2025 eliminó el uso comercial de la zona inundable, que ha pasado a calificarse como zona verde.
Eguzki considera que el problema de las inundaciones debe ser tratado aunando medidas estructurales y, sobre todo, de gestión que respeten la dinámica fluvial, y muy especialmente, en línea con los criterios de la Directiva Marco del Agua, se proceda a la restauración del cauce original, junto a la creación de defensas en la zona de Astegieta, de cara a crear una llanura de inundación lo más naturalizada posible, recuperando el meandro de Astegieta
El antiguo hipermercado Eroski de Asteguieta, abierto en 1981 y cerrado desde 2003, permanece abandonado y deteriorado. Para construir el centro comercial y su aparcamiento se modificó el curso natural del Zadorra y se eliminó un meandro de unos 800 metros. Décadas después, esa decisión urbanística contra natura y que derivo en inundaciones, supuso el abandono del primer centro comercial de Vitoria- Gasteiz, etc.,
El año pasado, 2025, el Consejo de Gobierno con la puesta en marcha de la iniciativa Kaia (Klima Aldaketaren Impaktua) ya contemplaba la recuperación del meandro artificializado y la reducción de la inundabilidad, dentro de un paquete de cinco proyectos. La expropiación está en marcha, dentro de la fase 4 del plan de URA contra inundaciones del Zadorra, una actuación más amplia que también incide en esta zona, para tirar el edificio, eliminar el aparcamiento y recuperar el antiguo meandro del Zadorra dentro de una actuación de carácter hidráulico y paisajístico.
Muchos han sido estudios y alternativas, aguas abajo de la presa de Ullíbarri-Gamboa, para reducir o minimizar los efectos de la inundación del río Zadorra en el tramo fluvial de la periferia urbana norte de Vitoria-Gasteiz.
En este sentido, se observa que es precisamente después de la construcción de la presa de Ullíbarri-Gamboa, a finales de los años cincuenta, cuando se demanda, de una manera más urgente, la necesidad de actuar sobre el río para controlar su comportamiento mediante obras de encauzamiento y rectificación del trazado.
Eguzki considera que el problema de las inundaciones, lejos de ser considerado una patología fluvial, debe ser tratado aunando medidas estructurales y, sobre todo, de gestión que respeten la dinámica fluvial, que se asignen usos del suelo en la vega de inundación compatibles con la inundación y muy especialmente, en línea con los criterios de la Directiva Marco del Agua, se proceda a la restauración del cauce original, junto a la creación de defensas en la zona de Astegieta, de cara a crear una llanura de inundación lo más naturalizada posible, recuperando el meandro de Astegieta. En Gasteiz a 22 de abril de 2026.
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jueves, 23 de abril de 2026
A un año del apagón masivo en el Estado, ¿qué hemos aprendido?
El gran apagón del 28 de abril del año pasado afectó a servicios ferroviarios, semáforos, industrias, comunicaciones, hospitales y, en definitiva, de un modo u otro, al conjunto de la ciudadanía.
El gran apagón del 28 de abril del año pasado afectó a servicios ferroviarios, semáforos, industrias, comunicaciones, hospitales y, en definitiva, de un modo u otro, al conjunto de la ciudadanía.
Sin entrar en las polémicas sobre quién tuvo qué responsabilidades en el apagón, las investigaciones han señalado una reacción en cadena iniciada por sobretensiones en la red, exacerbada por problemas de coordinación y gestión del sistema eléctrico.
Lo cierto es que, aunque en la mayoría de territorios apenas duró unas horas, nos llevó a mirar cara a cara a nuestras vulnerabilidades; nos reconocimos, una vez más, no solo como seres interdependientes, sino también ecodependientes, e hicimos… lo que pudimos.
Pero, como de todo suceso de gran magnitud, deberíamos sacar alguna lección, más allá de hacer “ajustes” en el sistema. No da la sensación, sin embargo, de que un año después hayamos hecho aprendizaje alguno sobre nuestro modelo de vida y nuestra dependencia extrema de la energía eléctrica, que ha alcanzado niveles históricos, impulsada por la digitalización y la automatización de prácticamente cada aspecto de nuestra vida. Detrás de todo ello se esconde una vulnerabilidad creciente. ¿Podríamos responder afirmativamente a la pregunta de si estamos preparados para un nuevo apagón masivo y duradero?
La cuestión, cada vez más compleja, es garantizar un suministro de energía que sea seguro, accesible y al mismo tiempo, respetuoso con el medio ambiente, en un contexto de emergencia climática. Una complejidad que se agudiza como consecuencia de la actual guerra en Oriente Medio.
Durante el apagón, vimos más claro que nunca el riesgo de que todo esté conectado por cables; que sin la energía que fluye por ellos no funcionan ni la televisión, ni los frigoríficos ni los ascensores ni muchos aparatos que constituyen el soporte vital de personas enfermas. Fue llamativo que los grandes centros comerciales tuvieron que bajar la persiana –no funcionaban las cajas registradoras ni los datáfonos–, mientras las tiendas de barrio proporcionaban linternas, pilas o verdura, aunque tuvieran que fiar a cuenta. Aportó más lo más pequeño, y, para hacer seguimiento de la situación, la radio del abuelo sustituyó a la televisión.
Formamos parte de un sistema capitalista depredador de recursos, pueblos y personas. El modo de vida actual genera una dependencia del suministro eléctrico y de quien lo controla. La tecnología, sin energía, no es nada: un ordenador que no arranca, no aporta. Un mundo sin electricidad no es solo un mundo distópico de película, sino una posibilidad tangible, y eso es lo que pudimos vislumbrar, durante apenas unas horas, hace un año.
Eso debería influir en las políticas públicas, por supuesto, pero también en nuestras decisiones individuales. Hay que cambiar hacia redes energéticas resilientes, diversificar nuestras fuentes de energía, invertir en eficiencia energética.
Eguzki sostiene que el apagón fue una consecuencia directa de la ausencia de planificación, gestión y control democrático en materia energética. Sin transparencia y participación también en este ámbito, la sociedad, en lugar de priorizar las necesidades colectivas, seguirá a merced de quienes, mirando solo por su interés, además de consumir los recursos naturales del planeta, apuestan por la pantalla y el mando a distancia que teledirige nuestros usos cotidianos y terminan provocando apagones. ¿Consumimos o nos consumen?
EGUZKI, abril de 2026
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Iazko itzalaldi masibotik urtebetera, zer ikasi dugu?
Tren-zerbitzuek, semaforoek, industriek, komunikazioek, ospitaleek eta, azken batean, herritar guztiek, modu batera edo bestera, pairatu zuten iazko apirilaren 28ko itzalaldi handi
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Ikerketen arabera, hura izan zen gehiegizko tentsioek sarean sortutako kate-erreakzio baten ondorio, sistema elektrikoaren koordinazio- eta kudeaketa-arazoek areagotuta. Nork zer erantzukizun izan zuen esleitzeko polemika handia izan da, baina gu ez gara horretan sartuko. Guk nabarmendu nahi duguna zera da, itzalaldiak leku gehienetan ordu gutxi iraun zuen arren, gure ahuleziak oso-oso agerian utzi zituela. Agerian utzi zuen berriro ere elkarren mendeko izakiak ez ezik, izaki ekodependienteak ere bagarela… eta ataka hartan ahal bezala jardun ginen.
Baina egoera larri guztietatik bezala, sistema “doitu” egin behar dela konstatatzeaz gain, ikasgairen bat atera beharko genuke, ezta? Ez dirudi, ordea, urtebete geroago atera dugunik, ez energia elektrikoarekiko dugun muturreko mendetasunari dagokionez, behintzat. Izan ere, mendekotasun hori maila historikoetara iritsi da, gure bizitzako ia alor guztiak eta bakoitza gobernatzen dituzten digitalizazioak eta automatizazioak bultzatuta. Mendetasun horrek, baina, gero eta zaurgarriago bihurtzen gaitu.
Gero eta zailagoa da bermatzea energia-hornidura eskuragarri, seguru eta, aldi berean, ingurumena errespetatu eta klima-larrialdia areagotuko ez duena. Are zailago Ekialde Ertaineko gerra-testuinguruan.
Itzalaldian, inoiz baino argiago ikusi genuen dena kableen bidez konektatuta egoteak dakarren arriskua. Energiarik gabe ez dago ez telebistarik, ez hozkailurik, ez igogailurik, ez gaixo askok bizitzeko behar duten aparaturik ere. Egun hartan, deigarria izan zen merkataritza-gune handiek pertsiana jaitsi behar izan zutela, ez kutxa erregistratzaileek ez datafonoek ez zutelako funtzionatzen–; auzoko dendek, aldiz, linternak, pilak edota jatekoak eskuratzeko aukera eman ziguten, askotan fidatuta eman ere. Bitxia; txikiek ekarpen handiagoa egin zuten handiek baino. Egoeraren jarraipena egiteko, berriz, bat baino gehiago aitonaren irrati zaharraz baliatu zen.
Baliabideak, herriak eta pertsonak zurrupatzen ditu sistema kapitalistak, eta horren parte gara gu. Hornidura elektrikoaren mende bizi gara, eta hornidura hori kontrolatzen duenaren mende. Teknologia elektronikoa energiarik gabe ez da ezer; pizten ez den ordenagailu batek ez du ekarpenik egiten. Elektrizitaterik gabeko mundu bat ez da nobela edo filmeetan soilik ikus dezakegun distopia, oso aukera erreala baizik, iazko apirilaren 28an igarri ahal izan genuen bezala.
Itzalaldiko lezioak politika publikoetan eragina izan beharko luke, noski, baita norbanakoon erabakietan ere. Energia-sare erresilienteetarantz mugitu behar gara, gure energia-iturriak dibertsifikatu eta energia-eraginkortasunean inbertitu behar dugu.
Eguzkiren iritziz, itzalaldia energiaren arloko planifikazio, kudeaketa eta kontrol demokratikorik ezaren ondorio zuzena izan zen. Arlo horretan ere, beste askotan bezala, gardentasuna eta gizartearen parte-hartzea ezinbestekoak dira, beharrizan kolektiboei lehentasuna emateko, huts-hutsean beraien interesen mesedean ari direnen aurrean. Horiek, planetaren baliabide naturalak kontsumitzeaz gain, gure egunerokoa ere beraien interesen arabera bideratzen dute, itzalaldia edo beste ezbeharrak gertatzen diren arte. Azken batean, gogoetarako galdera klasikoa: kontsumitzen dugu edo kontsumitzen gaituzte?
EGUZKI, 2026ko apirila
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Txernobyl 40 urte ondoren: indar nuklearraren kontrako memoria aktibo baten beharra
2026ko apirilean, oroitzapenera ez ezik, bizitzaren hauskortasunari eta harrokeria teknologikoari buruzko hausnarketa sakona egitera gonbidatzen gaituen efemeride bat dakarkigu egutegiak: Txernobylgo hondamendiaren berrogeigarren urteurrena. Gertaera kronologiko horrek behartu egiten gaitu istripu nuklearren ondarea errepasatzera, eta ikuspegi kritikoz begiratzera inperialismo handiagotua, gerrak eta, tokian-tokian, baita Lemoizko zentrala eraiki zen Basorda senadian ere, baliabide naturalei buruzko askotariko ustiapen-proposamenak ohikoak diren egungo munduko egoera.
Lemoizen itzala eta Three Mile Islandeko eta Txernobylgo hondamendiak (geroago, Fukushima) energia atomikoaren pertzepzioa betiko eraldatu zuen katalizatzaile politiko eta soziala izan ziren, eta, gaur egun, hamarkada batzuk geroago, gure paisaian eta gure memoria kolektiboan orbain irekiak diren proiektuen patua itxi zuten. Horregatik, Eguzkik beti defendatu du, Lemoizko zentraleko lursailei buruz aldizka zabaltzen diren aukeren aurrean, eremu horrek «bere historiarekiko erabilera koherentea» izan behar duela, eta ondorioz, Basordako senadia, ingurunea barne, lehengoratu eta jendearen gozamenera bideratu beharko litzatekeela, agian parke bat memoria-leku gisa prestatuz.
Txernobylgo hondamendiaren inpaktua erabakigarria izan zen indar nuklearraren kontrako euskal mugimenduarentzat, tragedia batekin baliozkotu baitzuen betidanik salatzen zuena: zero arriskua ez dagoela eta giza akats edo akats tekniko baten ondorioak belaunaldietan zeharrekoak direla.
Lemoizen kasuan, behin betiko geldialdia ez zen soilik herriaren garaipena izan, baizik eta halako azpiegitura bat mehatxu onartezina zela, are gehiago hain populatua dagoen geografia batean, eta euskal gizarteak etorkizun segurua eta energia nuklearrik gabea behar zuela egiaztatu zen. Halaber, ez dugu ahaztu nahi herritarren mobilizazioa erabakigarria izan zela oraindik eraiste-prozesuan dagoen Garoñako zentrala behin betiko itxteko.
Hala ere, Txernobylen 40. urteurreneko azterketa ezin da nostalgiara edo iraganeko garaipenen zenbaketara mugatu, tentsio geopolitikoak eta gerra energia nuklearraren irudia birgaitzeko erabiltzen ari diren egoera historiko batean baikaude. Kezkaz ikusten dugu eskuin muturrak, interes korporatiboei erantzunez, atomoaren bandera hartu duela, eta modu engainagarrian aurkeztu duela subiranotasun energetikorako irtenbide gisa, gasarekiko eta petrolioarekiko mendekotasunaren aurrean. Energia nuklearraren bultzada hori ez da kasualitatea, baizik eta inperialismo energetikoaren logika bati erantzuten dio, non potentziek botere-iturri kontzentratuak ziurtatu nahi dituzten, hazkunde eredu amaigabe eta jasangaitz bati eusteko. Zentral berriak eraikitzeko proposamena ez da klima-aldaketaren benetako alternatiba bat, baizik eta energiaren gaineko kontrol korporatiboa iraunarazteko saiakera bat, eskasiari beldurra erabiliz, milaka urte iraungo duen arriskugarritasuna duten hondakinekin hurrengo belaunaldien etorkizuna hipotekatzen duen teknologia arriskutsu eta izugarri garestia ezartzeko.
Eguzkik gogor arbuiatzen du energia nuklearra, betikotu egiten baitu demokrazia energetikoarekin, segurtasunarekin, sortutako hondakinen onarpenarekin eta biodibertsitatearen babesarekin bateraezina den botere-egitura zentralizatua.
Txernobylgo ezbeharraren 40. urteurren honek aurkezten dizkiguten dilema faltsuak agerian uzteko balio behar du. Ez dugu mendekotasun zikin bat (planeta itotzen ari diren erregai fosilak) mendekotasun arriskutsu eta oso garesti batengatik (nuklearra) aldatu behar. Gerra-sistematik eta haren bonbetatik deskonektatu behar dugu, bai gaur Palestinan eta Ekialde Hurbilean, bai atzo –apirilaren 26an, hain zuzen ere– Gernikan.
Izan ere, ez gaitezen engaina, petrolioa eta uranioa gatazka inperialen gasolina dira, batez ere yankiena eta israelitena. Proposamen ekologista argia da: benetako subiranotasun energetikoa, komunitatearekin berarekin “etxean” egiten dena. Benetako trantsizio ekologikoak energia-desazkundea (topiko bat da, baina hala da: energia garbi bakarra kontsumitzen ez dena da), ekoizpenaren deszentralizazioa eta lurraldea eta herrien subiranotasuna errespetatzen dituzten berriztagarrien aldeko apustu irmoa. Kontuz, inork ez du esan bidea erraza denik edo kontraesanik gabea denik, ezta ekologismoa edo lurraren defentsa aldarrikatzen dugunon artean ere.
Beraz, 40. urteurren honetan, segurtasun nazionala edo pragmatismo ekonomikoa aitzakiatzat hartuta beldur atomikoaren makineria berriro martxan jartzeko edozein saiakera baztertzen duen memoria aktibo baten alde izaten jarraitzen dugu. Eskuin muturraren bultzada nuklearrak interes korporatiboak ezkutatzen ditu, eta XXI. mendeko erronkei aurre egiteko XX. mendeko eredu bat berreskuratzea du helburu.
Bakea ez da soilik bonbak ez erortzea, nahiz eta, jakina, hori baldintza eztabaidaezina den, baizik eta herriek duintasunez bizitzeko duten eskubidea errespetatzea, baliabide naturalak modu esponentzialean, uranio-meatzaritzarekin eta CO2 isuriekin, agortzeari utziz, eta, errespetutik, bizia ematen digun lurra partekatzea.
EGUZKI, 2026ko apirila
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Chernóbil 40 años después: la necesidad de una memoria antinuclear activa
En abril de 2026, el calendario nos sitúa frente a una efeméride que no solo invita al recuerdo, sino a una profunda reflexión sobre la fragilidad de la vida y la soberbia tecnológica: el cuadragésimo aniversario del desastre de Chernóbil. Este hito cronológico nos obliga a repasar el legado de los accidentes nucleares y a observar con mirada crítica la situación actual mundial, con imperialismo exacerbado, guerras y, a nivel local, con propuestas de explotaciones varias sobre los recursos naturales. También en la cala de Basordas, donde se construyó la central de Lemoiz.
La sombra de Lemoiz y los desastres de Three Mile Island y Chernóbil (más tarde, Fukushima) fueron un catalizador político y social que transformó para siempre la percepción de la energía atómica, sellando el destino de proyectos que hoy, décadas después, siguen siendo cicatrices abiertas en nuestro paisaje y en nuestra memoria colectiva. Por ello, Eguzki ha defendido siempre, ante las expectativas que periódicamente se publicitan sobre los terrenos de la central de Lemoiz, que ese espacio debe tener «un uso coherente con su historia», lo que se traduciría en la restauración ambiental de la cala de Basordas, incluyendo su entorno, y su compatibilización con el disfrute público, quizá mediante la habilitación de un parque como lugar de memoria.
El impacto del desastre de Chernóbil fue determinante para el movimiento antinuclear vasco, pues validó con una tragedia lo que venía denunciando: que el riesgo cero no existe y que las consecuencias de un error humano o técnico son transgeneracionales.
En el caso de Lemoiz, la paralización definitiva no fue solo un triunfo popular, sino la constatación de que una infraestructura de tal magnitud representaba una amenaza inasumible, más aún en una geografía tan densamente poblada, y que la sociedad vasca necesitaba un futuro seguro y libre de energía nuclear. Tampoco queremos olvidarnos del indiscutible papel que la movilización cívica jugó para que la vida útil de la central de Garoña, hoy en proceso de desmantelamiento, cesara definitivamente.
Sin embargo, el análisis en este 40 aniversario de Chernóbil no puede limitarse a la nostalgia o al recuento de victorias pasadas, ya que nos encontramos en una coyuntura histórica en la que las tensiones geopolíticas y la guerra están siendo utilizadas para rehabilitar la imagen de la energía nuclear. Observamos con preocupación cómo la extrema derecha, respondiendo a intereses corporativos, ha tomado la bandera del átomo, presentándola engañosamente como una solución a la soberanía energética frente a la dependencia del gas y el petróleo. Este impulso de la energía nuclear no es casual, sino que responde a una lógica de imperialismo energético donde las potencias buscan asegurar fuentes de poder concentrado que permitan mantener un modelo de crecimiento infinito e insostenible. La propuesta de construir nuevas centrales no es una alternativa real al cambio climático, sino un intento de perpetuar el control corporativo sobre la energía, utilizando el miedo a la escasez para imponer una tecnología peligrosa y extremadamente costosa que hipoteca el futuro de las próximas generaciones con residuos cuya peligrosidad durará milenios.
Desde Eguzki, rechazamos de forma tajante la energía nuclear porque perpetúa una estructura de poder centralizada que es incompatible con la democracia energética, la seguridad, la asunción de los residuos generados y con la protección de la biodiversidad
Este 40 aniversario de la tragedia de Chernóbil debe servir para desenmascarar los falsos dilemas que nos presentan. No necesitamos cambiar una dependencia sucia (los combustibles fósiles que están asfixiando el planeta) por una dependencia peligrosa y carísima (la nuclear). Lo que necesitamos es desenchufarnos del sistema de guerra y de sus bombas, tanto hoy en Palestina y Oriente Medio como ayer –precisamente también un 26 de abril– en Gernika.
Porque, no nos engañemos, tanto el petróleo como el uranio son la gasolina de los conflictos imperiales, especialmente yanki e israelita. La propuesta ecologista es clara: soberanía energética de verdad, de la que se hace “en casa” con la propia comunidad. La verdadera transición ecológica pasa por el decrecimiento energético (es un tópico pero es así: la única energía limpia es la que no se consume), la descentralización de la producción y la apuesta decidida por renovables que respeten el territorio y la soberanía de los pueblos. Ojo, nadie ha dicho que el camino sea fácil o esté libre de contradicciones, tampoco entre quienes nos reclamamos del ecologismo o la defensa de la tierra.
Nuestro compromiso en este 40 aniversario sigue siendo, por tanto, el de una memoria activa que rechace cualquier intento de volver a poner en marcha la maquinaria del miedo atómico bajo la excusa de la seguridad nacional o el pragmatismo económico. El impulso nuclear de la extrema derecha encubre intereses corporativos y busca rescatar un modelo del siglo XX para enfrentar los retos del siglo XXI.
La paz no es solo que dejen de caer bombas, aunque, por supuesto, esa es una condición indiscutible, sino respetar el derecho de los pueblos a vivir con dignidad, dejando de esquilmar recursos naturales de forma exponencial con minería de uranio y emisiones de CO2, y compartir, desde el respeto, la tierra que nos da vida.
EGUZKI, abril de 2026
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