domingo, 10 de junio de 2012

Cambio climático y derecho a la alimentación

El cambio climático es una realidad que no podemos obviar. Según cifras de Naciones Unidas está afectando a más de 325 millones de personas y se le atribuyen más de 300.000 muertes al año. Queda muy poco para que se celebre Río+20, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable, que tendrá lugar en Río de Janeiro del 20 al 22 de junio. Veinte años después de la primera cumbre histórica de Río de Janeiro en 1992 y diez años después de la de Johannesburgo en 2002, esta nueva cita supone una invitación a “sentar las bases de un mundo de prosperidad, paz y sustentabilidad”, que tendrá 2 pilares fundamentales: una economía ecológica que ponga el foco en la sustentabilidad y la erradicación de la pobreza y la creación de un marco institucional para el desarrollo sustentable. El cambio climático, consecuencia del aumento de la emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), es considerado por Naciones Unidas como el desafío de nuestra época. Desde 1971 y de la mano del consumo de energía, se ha producido un aumento de las emisiones de CO2 en un 105%, por tanto, el cambio climático es una realidad que no podemos obviar. Según cifras de Naciones Unidas está afectando a más de 325 millones de personas y se le atribuyen más de 300.000 muertes al año. El cambio climático es una muy mala noticia para la seguridad alimentaria mundial Alrededor de una cuarta parte de la población mundial vive de la agricultura familiar campesina, ubicándose en las zonas rurales más marginales, con suelos frágiles, con mayor vulnerabilidad frente al cambio climático y menor capacidad de adaptación al mismo. Una de las consecuencias más importantes del cambio climático será precisamente la desnutrición ligada a los fenómenos climáticos extremos. Algunos de los pronósticos realizados sobre su impacto son desoladores: la disponibilidad de agua en algunas regiones de la tierra reducirá dramáticamente las cosechas, lo que se traducirá, además, en el aumento del precio de los alimentos que podrá oscilar entre el 7% y el 350%, limitando las posibilidades de muchos millones de personas de acceder a una alimentación suficiente y adecuada. Por si esto no fuera suficiente, los países en desarrollo serán quienes soporten entre el 75% y el 80% del coste de los daños provocados por la variación del clima. Se estima que, con un calentamiento de 2 grados centígrados se podría generar en África y Asia meridional una reducción permanente del producto interno bruto (PIB) de entre el 4% y el 5% frente a pérdidas mínimas en los países de ingreso alto y una caída del PIB medio mundial de aproximadamente el 1%. La opción es apoyar sistemas agroecológicos que concilien las necesidades productivas con los requerimientos medioambientales, haciendo buen uso de los recursos naturales, de forma que no se ponga en peligro la seguridad climática ni las posibilidades de producción de alimentos de las generaciones futuras. Para ello, es imprescindible realizar un cuestionamiento serio del modelo de desarrollo que venimos impulsando, que se asienta en crecientes niveles de consumo en general y de consumo energético en particular, que son insostenibles, injustos y éticamente cuestionables. Incorporación de la agricultura y la seguridad alimentaria en la agenda de cambio climático El conjunto de causas y efectos del cambio climático reviste una gran complejidad. Es importante que dentro de la agenda internacional relacionada con el cambio climático tenga un sitio propio todo lo relativo a la seguridad alimentaria y nutricional, así como a las políticas relacionadas con la producción agropecuaria. Por tanto, la agenda que se derive de la Cumbre de Río+20 debería incorporar de forma equilibrada y armónica los tres pilares del desarrollo sostenible: el desarrollo económico con inclusión social y respeto del medioambiente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario