3Mugak Batera, 26/09/2013. Pórtland utilizará un horno para la quema de residuos y la fabricación de «clinker», y en el otro fabricará magnesita. Todo un despropósito, puesto que a la contaminación inicinal habrá que sumar la producida por la nueva actividad.
El Gobierno de Navarra declaró a principios de año Proyecto Sectorial de Incidencia Supramunicipal (PrSIS), el proyecto de Pórtland para incinerar residuos en Navarra. Se trata de un instrumento excepcional no empleado en ningún lugar para permitir a una cementera incinerar residuos. Además, con declaración de interés general incluido, para así mejor pisotear defi- nitivamente todas las competencias municipales y la voluntad, que tanto las poblaciones de las zonas afectadas como sus ayuntamientos, consorcios turísticos y sindicatos habían expresado.
Concedió a Pórtland una nueva autorización y los permisos ambientales en un mismo acto, algo de muy dudoso encaje legal y permitió, pese a existir sentencia en contra, que una multinacional cuyas instalaciones no cumplen con los requisitos establecidos en el Plan de Residuos de Navarra, determinase el lugar donde se incinerasen los residuos. Además, por si quedara alguna duda, firmó un convenio con Pórtland para quemar los residuos producidos «preferentemente en Navarra», que recogía también la voluntad de los firmantes de promocionar la incineración, o como les gusta llamarla, «valorización energética de residuos».
Todo ese trato especial hacia el interés privado de FCC y en detrimento del interés general es de sobra conocido, pero no lo es tanto la nueva actividad que quieren implantar en la misma zona, actividad altamente contaminante cuya realización nos convierte en punto negro en el mapa de las empresas más contaminantes del estado. Se trata de la fabricación de magnesita, la actividad que la empresa Magna desarrolla en Zubiri, una de las localidades más contaminadas de Navarra.
Y lo peor de todo es que lo quieren hacer en Olazti, en uno de los hornos de Pórtland. Así, esta empresa utilizará un horno para la quema de residuos y la fabricación de clinker, y en el otro fabricará magnesita. Todo un despropósito, puesto que a la contaminación inicial habrá que sumar la producida por la nueva actividad. Además, no vendrá acompañada de un solo puesto de trabajo, porque Pórtland, una vez obtenidas todas las autorizaciones para quemar 56.500 toneladas de basuras, neumáticos, lodos de depuradora, plásticos, etc., incluida esta última autorización (la nueva AAI que aglutina todas las anteriores pone los pelos de punta), ha continuado despidiendo a más trabajadores, y nos consta que a partir de una selección muy especial.
Todo se ha hecho con el oscurantismo al que nos tiene acostumbrados el Gobierno navarro, en el mes de agosto, sin ningún tipo de proceso participativo, ni siquiera una exposición pública del proyecto. Sólo la empresa ha realizado alegaciones para poder emitir por encima de lo permitido en un principio, por supuesto aceptadas. Las nuevas exenciones concedidas por el Gobierno de Navarra a Portland sitúan sus límites de emisión de contaminantes muy por encima de los permitidos en la autorización otorgada a Magna en Zubiri, que además debe rebajar al considerarse excesivamente altas.
Las técnicas para rebajar la contaminación, que son de aplicación en la producción de magnesita y se deben aplicar en Magna, no le serán exigidas a Pórtland por el Gobierno navarro porque considera que los costes derivados de su aplicación (3 millones de euros), son desproporcionados en comparación con su beneficio ambiental.
Y lo que esto supone es que los límites de óxido de azufre (SOx) (un contaminante que en las zonas afectadas aumenta la mortalidad de personas y animales, produce infertilidad en los campos, quema bosques y contamina aguas) autorizados a Pórtland para la fabricación de magnesita, exceden entre un 33% y un 400% los niveles de emisión asociados a las mejores técnicas disponibles( MTD), según se utilice o no el sistema de depurador húmedo para reducir las emisiones.
La capacidad de producción de Pórtland será en torno a un 35% mayor que en Magna de Zubiri. La empresa, que decía en su favor que quemaría residuos para disminuir el CO2 de Navarra, obviando claro está la emisión de otros peligrosísimos contaminantes como las dioxinas, partículas y casi otros 400 compuestos que emitirá con la quema de los residuos, pondrá en circulación por las carreteras navarras a 100.000 camiones en los cuatro años que dicen que producirán óxido de magnesio y dolomía sinterizada en Olazti, lo que conllevará un brutal aumento de emisiones de ese gas.
Pero el Gobierno navarro considera desproporcionado que la empresa que nos ha robado a todos los navarros más de 100 millones de euros con sus prácticas ilegales descubiertas por la Comisión Nacional de la Competencia, se gaste un 3% de ese dinero para proteger en lo posible a la población y los recursos de las zonas afectadas. Según el Gobierno navarro la salud de esas personas no vale esos 3 millones.
El punto negro de la industria contaminante que representa Magna en Zubiri, se va a quedar muy pequeño comparado con lo que supondrá Olazti. Porque la zona afectada, de entrada, será ya más grande por la contaminación derivada de la fabricación de magnesita en las condiciones señaladas, y se va a multiplicar por mucho debido a la contaminación por la producción de cemento y la quema de residuos
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sábado, 28 de septiembre de 2013
viernes, 27 de septiembre de 2013
Esto no es movilidad sostenible
Reproducimos este artículo porque refleja la crítica que Eguzki hace al autobómbo sobre movilidad cuantitativa que se hace en Gasteiz.
Eneko Astigarraga (Oraintxe - CCCP). 17/09/2013. Hacer unos cuantos carriles bici más o menos chapuceros, peatonalizar unas cuantas zonas, poner unas cuantas señales de limitación de velocidad a 30 kms/h o ampliar la zona azul no es hacer movilidad sostenible. Como no lo es que más gente ande en bicicleta o a pie si no se hace a costa de que menos gente utilice el coche particular para desplazarse en viajes.
No es movilidad sostenible hacer cursos para que la gente aprenda a circular por esa gamberrada que supuso pintar muchas aceras de nuestra ciudad, como no lo es colocar unas cuantas bicicletas públicas en unos cuantos puntos. Tampoco es movilidad sostenible poner unos cuantos puntos de recarga para coches eléctricos o comprar una pequeña flota y colocarla en esos puntos a disposición de la gente. Eso no es movilidad sostenible.
Ninguna de estas medidas significa por sí misma que se esté haciendo algo por mejorar nuestras ciudades en términos de movilidad si no sirve para disuadir a la gente de que utilice el coche privado y, más que eso, si no consigue reducir su uso de manera significativa.
Porque hemos llegado a un punto, incluso inmersos en plena recesión (que ha colaborado notable y desgraciadamente en la reducción del número de viajes), en que el transporte privado se ha convertido en el principal agente nocivo no solo si se quiere conservar una calidad del aire básica, sino porque su utilización masiva redunda en un deterioro general del entorno urbano. Deterioro en términos de seguridad vial, deterioro en términos de sanidad pública derivado de fomentar hábitos de vida poco saludables, deterioro por sobreocupación del suelo e incluso del subsuelo, deterioro porque sus infraestructuras representan barreras formidables que condicionan la permeabilidad de las ciudades y el acceso a las mismas para los que no utilizan medios motorizados para moverse.
Celebrarlo durante una semana al año con unas cuantas actividades más o menos simbólicas y más o menos simpáticas, pero siempre superficiales, no mejora el resultado. Menos cuando una de las más publicitadas es una marcha ciclista hasta la factoría de la venerada Volkswagen.
No. Esto no es movilidad sostenible. No lo es mientras sigamos promoviendo la dispersión de la población mientras los centros urbanos se quedan semivacíos. No lo es mientras sigamos invitando a los ciudadanos a utilizar la tremenda oferta de aparcamientos subterráneos para acceder hasta el mismísimo casco antiguo en coche. No lo es mientras sigamos presentando el transporte público como una indeseada carga para la administración y hasta para el propio ciudadano.
No lo es mientras sigamos permitiendo el acoso y la intimidación de los peatones por las bicicletas circulando impunemente por las aceras como si no pudiera ser de otra manera. No lo es mientras sigamos manteniendo esas fabulosas autopistas urbanas que son nuestras principales avenidas. No lo es mientras sea más fácil cruzar la ciudad en coche que rodearla. No lo es mientras los polígonos donde se centraliza la mayor parte de la actividad económica sigan siendo imposibles de acceder en algo que no tenga motor. No lo es mientras nuestros menores y mayores no tengan oportunidades de moverse libremente y con seguridad por nuestra ciudad.
Esto, señoras y señores, no es movilidad sostenible. Así que no sé por qué insistimos en celebrarlo.
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Eneko Astigarraga (Oraintxe - CCCP). 17/09/2013. Hacer unos cuantos carriles bici más o menos chapuceros, peatonalizar unas cuantas zonas, poner unas cuantas señales de limitación de velocidad a 30 kms/h o ampliar la zona azul no es hacer movilidad sostenible. Como no lo es que más gente ande en bicicleta o a pie si no se hace a costa de que menos gente utilice el coche particular para desplazarse en viajes.
No es movilidad sostenible hacer cursos para que la gente aprenda a circular por esa gamberrada que supuso pintar muchas aceras de nuestra ciudad, como no lo es colocar unas cuantas bicicletas públicas en unos cuantos puntos. Tampoco es movilidad sostenible poner unos cuantos puntos de recarga para coches eléctricos o comprar una pequeña flota y colocarla en esos puntos a disposición de la gente. Eso no es movilidad sostenible.
Ninguna de estas medidas significa por sí misma que se esté haciendo algo por mejorar nuestras ciudades en términos de movilidad si no sirve para disuadir a la gente de que utilice el coche privado y, más que eso, si no consigue reducir su uso de manera significativa.
Porque hemos llegado a un punto, incluso inmersos en plena recesión (que ha colaborado notable y desgraciadamente en la reducción del número de viajes), en que el transporte privado se ha convertido en el principal agente nocivo no solo si se quiere conservar una calidad del aire básica, sino porque su utilización masiva redunda en un deterioro general del entorno urbano. Deterioro en términos de seguridad vial, deterioro en términos de sanidad pública derivado de fomentar hábitos de vida poco saludables, deterioro por sobreocupación del suelo e incluso del subsuelo, deterioro porque sus infraestructuras representan barreras formidables que condicionan la permeabilidad de las ciudades y el acceso a las mismas para los que no utilizan medios motorizados para moverse.
Celebrarlo durante una semana al año con unas cuantas actividades más o menos simbólicas y más o menos simpáticas, pero siempre superficiales, no mejora el resultado. Menos cuando una de las más publicitadas es una marcha ciclista hasta la factoría de la venerada Volkswagen.
No. Esto no es movilidad sostenible. No lo es mientras sigamos promoviendo la dispersión de la población mientras los centros urbanos se quedan semivacíos. No lo es mientras sigamos invitando a los ciudadanos a utilizar la tremenda oferta de aparcamientos subterráneos para acceder hasta el mismísimo casco antiguo en coche. No lo es mientras sigamos presentando el transporte público como una indeseada carga para la administración y hasta para el propio ciudadano.
No lo es mientras sigamos permitiendo el acoso y la intimidación de los peatones por las bicicletas circulando impunemente por las aceras como si no pudiera ser de otra manera. No lo es mientras sigamos manteniendo esas fabulosas autopistas urbanas que son nuestras principales avenidas. No lo es mientras sea más fácil cruzar la ciudad en coche que rodearla. No lo es mientras los polígonos donde se centraliza la mayor parte de la actividad económica sigan siendo imposibles de acceder en algo que no tenga motor. No lo es mientras nuestros menores y mayores no tengan oportunidades de moverse libremente y con seguridad por nuestra ciudad.
Esto, señoras y señores, no es movilidad sostenible. Así que no sé por qué insistimos en celebrarlo.
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jueves, 26 de septiembre de 2013
Ibaiondo se vuelve a movilizar por las antenas de móviles
Los alumnos del colegio de Ibaiondo volverán a movilizarse mañana ante la ausencia de respuestas por parte de las compañías telefónicas a la solicitud de rebaja de las emisiones de las antenas del Hotel Lakua. El alcalde aseguró a comienzos de curso escolar que había obligado a las operadoras de telefonía a reducir sus emisiones,y seguimos igual
Los medidores siguen estableciendo índices de radiación superiores a lo recomendado. Los padres exigen que la radiación se reduzca al 0,1 .La pitada tendrá lugar mañana a las 9:15 frente al Hotel Lakua.
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Los medidores siguen estableciendo índices de radiación superiores a lo recomendado. Los padres exigen que la radiación se reduzca al 0,1 .La pitada tendrá lugar mañana a las 9:15 frente al Hotel Lakua.
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Tras 8 meses de consumo de recursos naturales LA HUMANIDAD YA HA AGOTADO EL “PRESUPUESTO ECOLÓGICO” DE ESTE AÑO 2013
Tras 8 meses de consumo de recursos naturales
LA HUMANIDAD YA HA AGOTADO EL “PRESUPUESTO ECOLÓGICO” DE ESTE AÑO 2013 El 20 de agosto pasado fue marcado como el “Día del Exceso de la Tierra” en 2013, siendo la fecha en que la humanidad ha agotado el presupuesto de la naturaleza para este año, es decir, ha consumido los recursos naturales que el planeta puede regenerar en el periodo de un año. Durante los meses restantes la población terrestre mantendrá el déficit ecológico recurriendo a las reservas de recursos locales, y acumulando más dióxido de carbono en la atmósfera.
El Día del Exceso de la Tierra es la fecha aproximada en la cual la demanda anual de la humanidad sobre la naturaleza excede lo que la Tierra es capaz de renovar en un año. La organización Global Footprint Network da seguimiento a la huella ecológica o demanda de la humanidad sobre los recursos ecológicos del planeta (por ejemplo el suministro de alimentos, materias primas y absorción de dióxido de carbono), y la contrasta con la capacidad de la naturaleza de reponer dichos recursos y absorber los desechos.
Se trata de un concepto desarrollado originalmente en el Reino Unido por la New Economics Foundation, y es el marcador anual del momento que empezamos a vivir más allá de nuestros recursos en un año determinado. Aunque sólo es una estimación de las tendencias temporales del uso de recursos, el Día del Exceso de la Tierra es la mejor aproximación científica a la medición de la brecha entre nuestra demanda de recursos naturales y servicios ecológicos, y de lo que el planeta puede proveer.
Los datos indican que en 1993, el Día del Exceso de la Tierra se alcanzó el 21 de octubre, y en 2003 este evento sucedió el 22 de septiembre. Así pues, una cosa es clara: dadas las tendencias actuales en nuestro consumo, el Día del Exceso de la Tierra tiende a llegar unos cuantos días antes cada año.
A lo largo de casi toda la historia, la humanidad ha utilizado los recursos de la naturaleza para construir ciudades y carreteras, para proporcionar alimentos y crear productos, y para absorber nuestras emisiones de dióxido de carbono a una tasa claramente dentro del presupuesto de la Tierra. Sin embargo, a mediados de la década de 1970 cruzamos un umbral crítico, cuando el consumo humano anual comenzó a superar lo que el planeta puede reabastecer en un año.
Ecológicamente endeudados
El déficit ecológico humano se mantiene a expensas de agotar las reservas de peces, árboles y otros recursos, acumulando los desechos como el dióxido de carbono en la atmósfera y océanos. La deuda ecológica está representada en la reducción de los bosques, la pérdida de biodiversidad, el colapso de la pesca, la escasez de alimentos, el deterioro de la productividad del suelo y la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera y océanos.
A medida que el nivel de consumo o gasto crece, el interés que pagamos sobre esta deuda ecológica creciente no solo implica una carga sobre el ambiente sino también el socavamiento de las economías. El cambio climático (resultante del hecho que la emisión de gases de invernadero supera la capacidad de absorción de los bosques y océanos) es el impacto más generalizado de nuestro sobregiro ecológico.
En 1961, la humanidad utilizó únicamente alrededor de dos tercios de los recursos ecológicos disponibles en la Tierra. En aquel entonces, la mayoría de los países contaban con reservas ecológicas. Sin embargo, tanto la demanda mundial como su población han seguido en aumento. A principios de la década de 1970, el incremento en las emisiones de carbono y en la demanda humana de bienes y servicios naturales comenzó a agotar los recursos que nuestro planeta es capaz de generar de manera renovable. Fue entonces cuando entramos en un exceso ecológico.
Según Mathis Wackernagel, presidente de Global Footprint Network y co-fundador de la medida para contabilizar los recursos y definir la huella ecológica, “afrontar estas limitaciones implica impactos directos sobre las personas y son las poblaciones de menores ingresos quienes enfrentan mayores dificultades para competir con el resto del mundo por los recursos”.
Países con mayor huella ecológica
Las Cuentas Nacionales de la Huella 2012 generadas por Global Footprint Network muestran que la humanidad está hoy día utilizando los recursos y servicios ecológicos a un ritmo que se necesitarían algo más de 1,5 planetas Tierra para renovarlos. Nos estamos encaminando a llegar a necesitar los recursos de dos planetas Tierra mucho antes de alcanzar la mitad del siglo.
La huella ecológica total de China es la mayor del mundo, sobre todo debido a su gran población. La huella per cápita de China es mucho menor que la de los países de Europa o Norteamérica, pero en los últimos siete años ha superado lo que está disponible por persona al nivel mundial.
En efecto, si todos viviéramos como el residente típico de China, se necesitarían 1,2 planetas Tierra para sostener a toda la población mundial. Las demandas per cápita de otros países sobre los ecosistemas del planeta son aún mayores: Si actualmente todos viviéramos al mismo nivel que los residentes de los Estados Unidos, se necesitarían cuatro planetas Tierra para sostener a la población mundial. Y en Qatar, el residente típico requiere los recursos de seis y medio planetas Tierra.
Si bien la recesión mundial iniciada en octubre de 2008 ha frenado la demanda humana de recursos, el consumo sigue en aumento. Para evitar penurias económicas, el tema medular en la toma de decisiones debe ser el establecimiento de límites para los recursos. Las tendencias actuales de los recursos ya no satisfacen las necesidades de una población en crecimiento de 7 mil millones de habitantes. De esta población, aproximadamente dos mil millones carecen de acceso a los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas.
Hoy en día, más del 80 por ciento de la población mundial vive en países que utilizan más de lo que sus propios ecosistemas pueden renovar. Estos países “deudores ecológicos” agotan sus propios recursos ecológicos, o los obtienen de otros. Los deudores ecológicos están usando más de lo que tienen dentro de sus propias fronteras. Los residentes de Japón consumen los recursos ecológicos de un Japón multiplicado 7,1 veces. Se necesitarían cuatro equivalentes de Italia para mantener a Italia. A su vez, Egipto utiliza 2.4 veces los recursos ecológicos que el país genera.
No todos los países demandan más de lo que sus ecosistemas pueden proporcionar, pero incluso las reservas de estos “acreedores ecológicos” como Brasil se están reduciendo paulatinamente. Ya no es posible sostener un déficit presupuestario cada vez mayor entre lo que la naturaleza puede ofrecer y lo que nuestra infraestructura, economías y estilos de vida requieren.
“América Latina, y más específicamente Suramérica, se encuentra en una posición única en el mundo dado que las reservas ecológicas de la mayor parte de la región siguen siendo mayores que su huella ecológica”, explicó Juan Carlos Morales, director Regional de América Latina para Global Footprint Network.
Sin embargo, todavía es posible cambiar el rumbo. Los deudores ecológicos tienen el incentivo de reducir su dependencia de los recursos, mientras que los acreedores tienen la motivación económica, política y estratégica de preservar su capital ecológico.
Más información en:
http://www.footprintnetwork.org/es/index.php/GFN/
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LA HUMANIDAD YA HA AGOTADO EL “PRESUPUESTO ECOLÓGICO” DE ESTE AÑO 2013 El 20 de agosto pasado fue marcado como el “Día del Exceso de la Tierra” en 2013, siendo la fecha en que la humanidad ha agotado el presupuesto de la naturaleza para este año, es decir, ha consumido los recursos naturales que el planeta puede regenerar en el periodo de un año. Durante los meses restantes la población terrestre mantendrá el déficit ecológico recurriendo a las reservas de recursos locales, y acumulando más dióxido de carbono en la atmósfera.
El Día del Exceso de la Tierra es la fecha aproximada en la cual la demanda anual de la humanidad sobre la naturaleza excede lo que la Tierra es capaz de renovar en un año. La organización Global Footprint Network da seguimiento a la huella ecológica o demanda de la humanidad sobre los recursos ecológicos del planeta (por ejemplo el suministro de alimentos, materias primas y absorción de dióxido de carbono), y la contrasta con la capacidad de la naturaleza de reponer dichos recursos y absorber los desechos.
Se trata de un concepto desarrollado originalmente en el Reino Unido por la New Economics Foundation, y es el marcador anual del momento que empezamos a vivir más allá de nuestros recursos en un año determinado. Aunque sólo es una estimación de las tendencias temporales del uso de recursos, el Día del Exceso de la Tierra es la mejor aproximación científica a la medición de la brecha entre nuestra demanda de recursos naturales y servicios ecológicos, y de lo que el planeta puede proveer.
Los datos indican que en 1993, el Día del Exceso de la Tierra se alcanzó el 21 de octubre, y en 2003 este evento sucedió el 22 de septiembre. Así pues, una cosa es clara: dadas las tendencias actuales en nuestro consumo, el Día del Exceso de la Tierra tiende a llegar unos cuantos días antes cada año.
A lo largo de casi toda la historia, la humanidad ha utilizado los recursos de la naturaleza para construir ciudades y carreteras, para proporcionar alimentos y crear productos, y para absorber nuestras emisiones de dióxido de carbono a una tasa claramente dentro del presupuesto de la Tierra. Sin embargo, a mediados de la década de 1970 cruzamos un umbral crítico, cuando el consumo humano anual comenzó a superar lo que el planeta puede reabastecer en un año.
Ecológicamente endeudados
El déficit ecológico humano se mantiene a expensas de agotar las reservas de peces, árboles y otros recursos, acumulando los desechos como el dióxido de carbono en la atmósfera y océanos. La deuda ecológica está representada en la reducción de los bosques, la pérdida de biodiversidad, el colapso de la pesca, la escasez de alimentos, el deterioro de la productividad del suelo y la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera y océanos.
A medida que el nivel de consumo o gasto crece, el interés que pagamos sobre esta deuda ecológica creciente no solo implica una carga sobre el ambiente sino también el socavamiento de las economías. El cambio climático (resultante del hecho que la emisión de gases de invernadero supera la capacidad de absorción de los bosques y océanos) es el impacto más generalizado de nuestro sobregiro ecológico.
En 1961, la humanidad utilizó únicamente alrededor de dos tercios de los recursos ecológicos disponibles en la Tierra. En aquel entonces, la mayoría de los países contaban con reservas ecológicas. Sin embargo, tanto la demanda mundial como su población han seguido en aumento. A principios de la década de 1970, el incremento en las emisiones de carbono y en la demanda humana de bienes y servicios naturales comenzó a agotar los recursos que nuestro planeta es capaz de generar de manera renovable. Fue entonces cuando entramos en un exceso ecológico.
Según Mathis Wackernagel, presidente de Global Footprint Network y co-fundador de la medida para contabilizar los recursos y definir la huella ecológica, “afrontar estas limitaciones implica impactos directos sobre las personas y son las poblaciones de menores ingresos quienes enfrentan mayores dificultades para competir con el resto del mundo por los recursos”.
Países con mayor huella ecológica
Las Cuentas Nacionales de la Huella 2012 generadas por Global Footprint Network muestran que la humanidad está hoy día utilizando los recursos y servicios ecológicos a un ritmo que se necesitarían algo más de 1,5 planetas Tierra para renovarlos. Nos estamos encaminando a llegar a necesitar los recursos de dos planetas Tierra mucho antes de alcanzar la mitad del siglo.
La huella ecológica total de China es la mayor del mundo, sobre todo debido a su gran población. La huella per cápita de China es mucho menor que la de los países de Europa o Norteamérica, pero en los últimos siete años ha superado lo que está disponible por persona al nivel mundial.
En efecto, si todos viviéramos como el residente típico de China, se necesitarían 1,2 planetas Tierra para sostener a toda la población mundial. Las demandas per cápita de otros países sobre los ecosistemas del planeta son aún mayores: Si actualmente todos viviéramos al mismo nivel que los residentes de los Estados Unidos, se necesitarían cuatro planetas Tierra para sostener a la población mundial. Y en Qatar, el residente típico requiere los recursos de seis y medio planetas Tierra.
Si bien la recesión mundial iniciada en octubre de 2008 ha frenado la demanda humana de recursos, el consumo sigue en aumento. Para evitar penurias económicas, el tema medular en la toma de decisiones debe ser el establecimiento de límites para los recursos. Las tendencias actuales de los recursos ya no satisfacen las necesidades de una población en crecimiento de 7 mil millones de habitantes. De esta población, aproximadamente dos mil millones carecen de acceso a los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas.
Hoy en día, más del 80 por ciento de la población mundial vive en países que utilizan más de lo que sus propios ecosistemas pueden renovar. Estos países “deudores ecológicos” agotan sus propios recursos ecológicos, o los obtienen de otros. Los deudores ecológicos están usando más de lo que tienen dentro de sus propias fronteras. Los residentes de Japón consumen los recursos ecológicos de un Japón multiplicado 7,1 veces. Se necesitarían cuatro equivalentes de Italia para mantener a Italia. A su vez, Egipto utiliza 2.4 veces los recursos ecológicos que el país genera.
No todos los países demandan más de lo que sus ecosistemas pueden proporcionar, pero incluso las reservas de estos “acreedores ecológicos” como Brasil se están reduciendo paulatinamente. Ya no es posible sostener un déficit presupuestario cada vez mayor entre lo que la naturaleza puede ofrecer y lo que nuestra infraestructura, economías y estilos de vida requieren.
“América Latina, y más específicamente Suramérica, se encuentra en una posición única en el mundo dado que las reservas ecológicas de la mayor parte de la región siguen siendo mayores que su huella ecológica”, explicó Juan Carlos Morales, director Regional de América Latina para Global Footprint Network.
Sin embargo, todavía es posible cambiar el rumbo. Los deudores ecológicos tienen el incentivo de reducir su dependencia de los recursos, mientras que los acreedores tienen la motivación económica, política y estratégica de preservar su capital ecológico.
Más información en:
http://www.footprintnetwork.org/es/index.php/GFN/
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miércoles, 25 de septiembre de 2013
La Sociedad Nuclear Española pide un marco regulador para las centrales con el fin de garantizar que operen 60 años
El presidente de la SNE consideró que "sería bueno renovar las licencias para que las centrales operen 60 años o más", con la "prioridad de la seguridad" y, como hasta ahora, con la "supervisión del Consejo de Seguridad Nuclear" (el máximo órgano regulador de la energía nuclear).Con esta filosofía es bueno vender armas y fomentar guerras siempre y cuando las paguen y podamos obtener beneficio a costa de que nos permitan vivir mejor.
La hipocresía del mentor capitalista es tan depredador que no tiene conciencia, humanidad, ni límites como se comprueba en el caso de la energía nuclear.
.
Las nucleares españolas realizan, según López, inversiones en seguridad de más de 300 millones de euros al año e insistió en la necesidad de este marco "para acometer grandes inversiones".
El presidente del CSN también expuso que la nueva regulación energética grava "el 7% toda la producción eléctrica; la hidroeléctrica un 22% y la tasa del combustible nuclear gastado en las nucleares entre un 10% y un 15%", hasta el punto que la central de "Garoña no puede afrontar estos gastos y ha pedido dejar de operar".
Más de 40 organizaciones ecologistas programaron acciones de protesta contra este encuentro
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La hipocresía del mentor capitalista es tan depredador que no tiene conciencia, humanidad, ni límites como se comprueba en el caso de la energía nuclear.
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Las nucleares españolas realizan, según López, inversiones en seguridad de más de 300 millones de euros al año e insistió en la necesidad de este marco "para acometer grandes inversiones".
El presidente del CSN también expuso que la nueva regulación energética grava "el 7% toda la producción eléctrica; la hidroeléctrica un 22% y la tasa del combustible nuclear gastado en las nucleares entre un 10% y un 15%", hasta el punto que la central de "Garoña no puede afrontar estos gastos y ha pedido dejar de operar".
Más de 40 organizaciones ecologistas programaron acciones de protesta contra este encuentro
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